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Dejar un cuento en el Cuentario | Administración
Martes, 6. Enero 2009 07:20
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Nombre Cuentos
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jonatan uribe  
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las heras santa cruz argentina
Jueves, 25. Diciembre 2008 23:21 IP: 186.12.26.177 Escribir un comentario Enviar E-mail

bueno loquito esta re trucha la foto la tuve que reducir un monton para ver si la puedo bajar porq sino no puedo y no se ve bien porq esta chiquitita bueno que sea lo que dios quiera a y le mando un beso a todos feliz navidadddddddddddddddd y todo eso un beso felicidades (estoy enojado con el viejo barbudo )(me traisiono porq hoy vi los renos a fuera del sentro de jubilado al lado de un arbolito gigante pero que paso fui a retir mi regalo si no estaba en mi arbol hoy entonces fuy(en barbudo ese no estaba estaba solo los renos con esa cosa de madera que se llama como es ...es algo como ... pera la puta bueno eso ... haaa el trineo con eso )y fui mire y nada mire otra vez y nada desilucionado y muy triste fuy al garufita(bar donde hay un par de viejos pero es tranqui)fui a matar mi triste desilucion y que paso "lo encontre al viejo barbudo" para que le parti la botella en todo el marote hijo de puta duro el barbudo del polo noste he entonces con una mano (la izquierda)le envolvi su barba y con la otra lo arastre hasta la mesa de pool con la bola 8 le pege 38 veces en la nariz y 52 en la frente y duro solo una gota de sangre tenia y seguro no se la avia echo yo , yo estaba enojadisimo le rebolie todo mesa, silla,metegool hasta que me dijo listo por favor pero con una ternura pobre tan arepentido estaba yo, bueno el me dijo porq me isiste todo esto porq no me trajiste el regalo que te pedi ni el papel aunque sea me trajiste le dije y me contesto "si te lo lleve nada mas que te lo deje ariba de tu televisor"mi alma se quedo helada con tanta verguenza fui a mi casa al llegar (muy cansado supuesta mente porque me avia agitado porq flaco no soy nos si me ven en la foto)miro el televisor emocionado y ..."una cajita" que dije la abro con tanta bronca y lo miro y avia una uña postiza y una carta la carta decia " mientras que caminabas triste y con tanta verguenza me tome un taxi fui a tu casa lei tu carta y decia (querido papa nóel como estas viejita todo tranqui che guschin este año quiero una chica de ojos como mi hermana con pelo liso y que sea buena onda nos vemos ...que estes piolin locura ) y bueno por todo lo que me dijiste y me isiste te deje una uña y ensima postiza por boluda ha y nada de nos vemos no te veo ni cuando te vallas a morir aver si me das algo ha y me voy porq ya venis en la esquina"hijo de puta barbudo de mierda tacaño si el otro año nme traes la otra y el otro la otra cuando tenga 521 años recien voy a tener todo para completar a la chica lo peor es que despues no la voy a saber a armar que hijo de mil porq no estudie un poco mas el cuerpo humano la puta madre ahora igual qu me importa barbudo pensas que te paliste con la tuya YO TENGO A MAMÁ NOEL EN MI CASA VIEJO GORRIADO (PARA MI AMIGO DE CHILE SIGNIFICA QUE SU MUJER LE ES INFIEL ALGO ASI )Y NI TE IMAGINAS LOS REGALITOS QUE ME PREPARA POR LAS NOCHES CUANDO ESTAS ENTREGANDOS ESOS REGALITOS POR HAY lastima que sea una vez al año no jeje


bueno estaba re alpedo como el que lo estubo leyendo no es algo inventado mio algo medio zarpado pero es mi lenjuaje ha me faltu poner (este cuento contiene "lenguaje adulto y esenas de desnudes ha no eso no lenguaje adulto nomas era jeje ) nos vemos grascias a todos y todo la onda con santa loquitos aunque nunca lo vi porq siempre estube con mamá nóel jeje na mentira si mi vecino se la voltea a la vieja_si vos boludo eze_hup estaba hablandole a mi vecino jeje nos vemos bay
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miguel tutera  
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Lunes, 24. Noviembre 2008 16:23 IP: 12-6-21-190.adsl.terra.cl Escribir un comentario Enviar E-mail

El hombre sin huellas

Me he dado cuenta de un tiempo a esta parte, que he estado en muchos lugares y no he dejado huellas, y lo digo literalmente, no he dejado huellas... lo supe la otra mañana oscura con atisbos de claridad de media tarde, extraño verdad, bueno tan extraño como no dejar huellas, yo me encontraba viendo el cielo como todos los días a las 11:03 minutos, cuando terminé mi ejercicio, por que lo es, me estaba yendo y me di cuenta que estaba parado sobre tierra, así que me detuve a mirar cómo eran las huellas que dejaba, de un momento a otro se me ocurrió y mi decepción fue mayúscula cuando me percaté que al caminar no dejaba huellas, al principio me asusté y luego me di cuenta o por lo menos eso creía, que se debía a que andaba descalzo, me vestí rápidamente y fui a una tienda y pedí urgente unos zapatos no importando marca ni calidad, solo me importaba que tuvieran huellas y el vendedor me aseguró que dejaría huellas. Salí feliz con mis zapatos con huellas nuevas, ansioso de caminar por un lugar donde probar la calidad de mis huellas, hasta que llegué a una zona donde había tierra, feliz corrí hasta esa zona e hice todos mis esfuerzos, corrí, salté, pero nada, me saque los zapatos y los arrojé lo mas lejos que pude y luego me senté a llorar, de pronto se me acercó un tipo que nunca supe de donde salió y me preguntó a que se debía mi congoja y le expliqué mi problema, el tipo sólo me escuchaba, hasta que me preguntó qué era lo que más amaba hacer y le respondí que me dedicaba a hacer poemas y luego me entregó la solución: Desde ahora en adelante donde vayas, por todos los lugares donde camines irás tirando tus poemas, en el momento en que le iba a agradecer tan buen consejo, el tipo desapareció tal como llegó, y desde entonces camino descalzo por todos los lugares donde voy, pero con la diferencia que ahora dejo mis huellas y la gente me conoce como el tipo que en vez de huellas deja poemas...
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Gastón Herrera Cortés  
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Martes, 21. Octubre 2008 21:09 IP: 130-206-246-201.adsl.terra.cl Escribir un comentario Enviar E-mail

ASÍ FUE
Dedicado a Rafael Ampuero.

Las huellas de los pocos autos que transitaban por el lugar se dibujaban nítidamente en el suelo polvoriento. Los escasos árboles que se veían entre algunas casas, parecían niños extraviados entre la increíble variedad de materiales que servían de techumbre para esos humildes hogares donde predominaba la madera y el plumavit. Las hojas eran de un color verde grisáceo, muy diferente al color de las hojas de los árboles de su zona. Y lo peor, eran tristes. Todos ellos daban esa sensación de soledad que tanto le afectaba.
Realmente todo el panorama era desolador. Los cerros que rodeaban el lugar, eran arenosos y sin colorido a esa hora. Parecían señalar indiferencia. Todo el entorno parecía falto de vida. La música que se escuchaba con interferencias en la recepción, sólo era una ilusión de acompañamiento. No obstante la mala transmisión, lo incentivaba, pero en el fondo de su mente, percibía que ello era un recurso para hacer más llevadera su soledad.
El exilio se había transformado en una carga dura de llevar.
El aislamiento sólo le producía más recuerdos de su pasado.
Pensó muchas veces en escribir. Además de contar sus vivencias, serviría para pasar las horas de tedio. Era una buena idea, pero cada vez que se sentaba frente a su vieja máquina portátil, regalo que un grupo de compañeros profesores le había hecho llegar antes de su partida, su mente quedaba tan en blanco como la hoja que colocaba en ella.
Ese día, decidió definir su accionar futuro. Sabía que tenía que hacer algo. Era perentorio pues si no, corría riesgo su integridad emocional, ya que estar viendo esa permanente aridez se le traduciría en una sensación de angustia, que de persistir, lo podría llevar al caos final. Y eso era como renunciar. Y eso jamás. No se lo podía permitir.
Esa mañana amaneció con una extraña inquietud. Parecía presentir que algo iba a ocurrir. Al levantarse ni siquiera se bañó. Se puso la camisa que había usado el día anterior y escasamente se echó un poco de agua en el pelo para tener la sensación de peinado. Se preparó un té y luego salió a caminar por las polvorientas calles.
Sentía una inquietud mayor a la acostumbrada. Y no era miedo. Era algo que iba más allá de lo conocido. Revisó sus bolsillos y encontró un par de billetes. Casi sin pensarlo, encaminó sus pasos a una botillería-bar que se veía justo en la esquina.
Al entrar notó que el dependiente lo miraba con una expresión extraña, indefinida. Pidió una cerveza. Es cierto que no le gustaba mucho esa bebida, pero era la más económica que se podía conseguir y al menos le produciría un cierto adormecimiento. Aún le quedaban cigarrillos de la noche anterior. Sacó uno, lo encendió y aspiró con fruición, como si fuera la última aspirada que fuera a dar en su vida. Luego bebió un largo sorbo que apaciguó su sed. Al dejar el vaso sobre la humilde mesa de madera llena de inscripciones, notó que en el bar, acomodado al mesón con cubierta de estaño, se encontraba un hombre de unos treinta y tantos años, con unos grandes anteojos oscuros, que miraba fijamente hacia él. Su aspecto era extraño si se lo comparaba con los lugareños. No era común ver por ahí a una persona con chaqueta, y menos aún, ver a alguien dentro del bar usando anteojos de ese tipo. Sintió un pequeño escalofrío al recordar a otros hombres similares a éste, los cuales se habían ensañado con él durante los interrogatorios. Pero, para su tranquilidad, allí también estaba el dueño del bar y eso le daba cierta seguridad. Y por último, él sólo era un artista que no había hecho daño a nadie. Su único problema era sentir y pensar distinto a ellos. Además ya estaba pagando con la relegación. ¿Qué más podían querer de él?.
Volvió a mirar hacia el mesón. El dueño estaba conversando en voz baja con el desconocido y de vez en cuando, le dirigía algunas miradas. Era obvio que estaban hablando acerca de él. Comenzó a sentir nuevamente ese cosquilleo en la base del cráneo. Un cosquilleo insistente que lo desconcertaba. El cigarrillo tiritaba en su mano. Una inquietud mayor a cada instante se iba apoderando de él. Quiso irse, pero sintió que ello sería como sospechoso. Tal vez temía apurar los posibles acontecimientos. Comenzó a sentirse acorralado. Ahora ambos lo miraban fijamente, sin disimulo, como al principio. En el interior de su cabeza algo comenzó como a girar. Sentía un vértigo espantoso. Tuvo miedo de desmayarse. Hizo un esfuerzo por permanecer consciente. No podía permitirse el lujo de perder el conocimiento. Sería como facilitarle las cosas.
Recordó que cuando salió del sótano, o mejor dicho, cuando lo sacaron, lo tiraron en un auto azul metalizado. Iba semi-inconsciente. Sentía a lo lejos algunas palabras que no lograba entender. El auto avanzaba, giraba allí, seguía, luego daba vuelta más allá y así durante mucho ¿o poco tiempo?. Sintió la frenada, las puertas abrirse, tirones en sus brazos, caminar casi arrastrando y luego un golpe al caer al suelo. Luego silencio y oscuridad.
Nunca pudo saber cuanto tiempo permaneció ahí. Todo era blanco. No había ningún tipo de muebles. Nada. La pieza no tendría más de dos metros cuadrados. En un rincón, una puerta con una pequeña mirilla que siempre estaba cerrada. ¿Cuánto tiempo paso allí…?
La minúscula ampolleta del techo, cubierta por un enrejado metálico, permanecía encendida permanentemente, por lo cual no podía saber si era de día o de noche, ya que no había ventanas ni nada por donde pudiese entrar luz. Sus piernas se adormecían de estar tanto tiempo en cuclillas en el suelo. Era un artista ¿lo era?. Era alguien.
Cuando se abrió la puerta y dos enfermeros lo arrastraron hacia el exterior, vio el cielo estrellado –“…la noche está estrellada y azules titilan…” – Dos hombres de anteojos oscuros y gruesos bigotes lo recibieron.
Luego el tren y este pueblo perdido en el desierto.
El dueño del bar, con un movimiento de su boca pareció indicarlo. El otro hizo un gesto de asentimiento. Carlos tuvo miedo. La cerveza se le había terminado y no sabía que hacer con sus manos. Quería escapar pero no se atrevía. De pronto se le ocurrió que su única posibilidad de variar esa terrible situación, era ir al baño. Claro, sería lógico. Había estado tomando cerveza. Sería natural ir al baño.
Con movimientos torpes, inició la acción de levantarse. Le parecía que su cuerpo pesaba toneladas. Temía que sus piernas no lo soportarían. Pero debía hacerlo. Se esforzó sacando fuerzas de su desesperación. Cuando lo logró, intentó una sonrisa y caminando tambaleante, se dirigió hacia el baño.Al entrar cerró la puerta poniendo el pasador que le aseguraba su soledad. Se sentía mareado, extraño. Todo su cuerpo era recorrido por un cosquilleo como de adormecimiento. Se lavó la cara para refrescarse. El agua le parecía un elemento amigo. Mojó su pelo hasta sentir como las gotas le resbalaban por el cuello y espalda. Se sintió un poco más calmado.
Pensó en salir. Pero no. Debía disimular, justificar su ida al baño. Se acercó a la taza y optó por tirar la cadena. Seguramente desde afuera escucharían el ruido de la descarga del estanque y eso los convencería que había ido obligadamente al sanitario. Si. Esto era lo mejor. Lo haría ya. Su mano se apoyó en la palanca metálica y sin dudarlo más, la presionó.
De inmediato sintió como se descargaba es estanque. El agua comenzó a caer con fuerza en la taza. Veía como se formaba un gran remolino. Pero el agua seguía cayendo. Vio como iba llenando la taza. Extrañado, no podía apartar la vista de ese diluvio mecánico. Y el agua caía y caía. La taza ya se había llenado y el agua seguía cayendo, desparramándose por los bordes de la loza y sin embargo, el estanque no paraba de entregar su contenido infinito.
Notó como el líquido elemento mojaba sus pies e iba cubriendo el pequeño espacio del baño. Movió la palanca hacia arriba y abajo, pero nada. No cesaba de salir. Olvidándose de sus temores iniciales, quiso abrir la puerta para avisar al dueño del bar lo que estaba ocurriendo. Pero la puerta no se abrió. Volvió a intentarlo pero fue en vano. Y el agua seguía subiendo. Ya la sentía a la altura de sus tobillos.
Golpeó con fuerza la puerta para que alguien acudiera en su ayuda, pero nadie respondió a su llamado.
Ahora parecía que el agua aumentaba su caudal y velocidad en subir. Ya tapaba sus rodillas. Golpeó con furia la palanca para ver si podía detener la avalancha acuosa… ¡Nada ocurrió!
Le costaba desplazarse ya que estaba sumergido hasta la cintura. Gritó. Gritó con todas las fuerzas que suponía tener. Gritó como cuando sentía las descargas en sus testículos. Gritó por gritar.
Cuando estuvo cubierto hasta el cuello, entendió la sonrisa del hombre de las gafas oscuras. Todo había sido preparado. Lo habían conseguido. Ya no molestaría con su arte. Sería por fin silenciado. Empinándose en sus pies, para dejar su boca por sobre el torrente, alcanzó a gritar: “¡Pero soy libre!”. Luego el ansiado silencio final.
Ni el psicólogo enviado por los Derechos Humanos, ni el dueño del bar entendieron jamás los ojos desorbitados, ni el extraño amoratamiento en la cara de Carlos cuando abrieron la puerta del baño, dada su extremada permanencia en él.

gastón herrera cortés.
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Gastón Herrera Cortés  
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Lunes, 6. Octubre 2008 21:39 IP: 212-204-246-201.adsl.terra.cl Escribir un comentario Enviar E-mail

CUENTO PARA UNA NOCHE CORTA…?

Afortunadamente para Carlos, la noche había pasado rápido.
Hacía días que una creciente inquietud se había apoderado de su espíritu, tornando insoportablemente lentas las horas cotidianas, ya que la cantidad de ideas que se le agolpeaban en el cerebro, llegaban a torturarlo, motivo por el cual evitaba estar solo para así no pensar. Esa noche, para acortar su vigilia pensante, se había reunido con unos amigos y entre café y cigarrillos habían conversado de lo humano y lo divino.
Ahora siendo más de las dos de la madrugada, iniciaba el regreso a casa. En la soledad de aquella noche de invierno, brumosa y fría, Carlos caminaba escuchando la resonancia de sus pasos y la angustia de su vida. Al llegar a una esquina, para cruzar, miró hacia su derecha. Justo allí, detrás del primer árbol que iniciaba la hilera, había un farol del alumbrado público el cual arrojaba a través de la densa neblina existente, una luminosidad difusa que se filtraba por entre las ramas retorcidas y deshojadas de ese árbol.
Carlos se detuvo. Algo, quizás un instinto, o una fuerza superior le indicaba que allí, frente a esa entrega generosa de la naturaleza y del ser humano, podía estar la solución.
La forma en que la luz llegaba por entre las ramas, se dibujaba en la niebla como haces perfectamente definidos, como esa imagen que él tenía de una luz llegada desde el exterior, atravesando un vitral en una catedral obscura.
Eran como cientos de pequeños reflectores que proyectaban haces nítidos, pero suavemente esfumados por la neblina.
La imagen tenía algo de mágico. La belleza del momento era tal, que no parecía real. Algo en ella, le atraía profundamente. No podía desviar su mirada de aquel fenómeno casi sobrenatural. De pronto intuyó que ahí estaba su salvación. Sólo bastaría pode ingresar por los haces de luz. Apartar los densos nubarrones para poder llegar a la verdad. Al entendimiento de su vida.
Sabía que si lo lograba, se acabarían todas sus dudas, sus temores. Podría rehacer su vida. Dejaría de atormentarse y todo sería paz, tranquilidad. Ya no sentiría ausencias ni soledades.
Dio un paso tímido hacia la luz. Estiró su mano como para introducirla en el espacio dorado, para iniciar con ello, la liberación de su angustia permanente.
En ese instante, súbitamente le asaltó una duda. ¿Y qué pasaría si no era como él creyó, y solamente era una ilusión, un simple momento hermoso sin magia ni salvaciones redentoras? ¿Sería capaz de aguantar la desilusión de lo no obtenido?
Su mano se detuvo a escasos centímetros de los rayos lumínicos. El temor volvió a anidar en su cuerpo. Atreverse o no. Podía ser la solución esperada o bien, la definición de un estado depresivo que sabía sería permanente.
-¡Si tan sólo pudiese ser verdad!- pensó- Ascendería por la luz hasta un mundo feliz, sin torbellinos ni espirales hacia la locura-.
¿Pero si no fuese así, estaba en condiciones para sufrir el enfrentamiento a la verdad?
O tal vez, ante la angustia que lo perseguía, su mente ya cansada de todo eso, había creado la ilusión de una luz proyectada por entre medio de un árbol envuelto en la neblina, en una madrugada de invierno, a las dos de la mañana, en la cual si entraba podría dejar de sufrir, sin ser real la visión?
O si bien, ya había llegado a su casa y dormido su subconsciente creaba un sueño donde él se encontraba caminando cuando descubría la visión de un árbol iluminado donde si entraba podía ser salvo de dolor.
¿Y si ni siquiera él existiese y fuese solamente el pensamiento de algo o alguien, que al regreso a su casa y para entretenerse había creado a un personaje llamado Carlos, el cual sería un atormentado que buscaba una solución a sus problemas y que para hacerlo había imaginado la historia de un árbol que proyectaba la luz por entre sus ramas y que quién se introdujera en ella sanaría…?
Carlos se levantó el cuello del abrigo y guardando sus manos en los bolsillos, reinició el viaje a su casa. Quizás llegaría, o el personaje, o alguien despertaría, o…….


gastón herrera cortés.
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Antonia Blasa Martín Pérez  
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Cuento con alas

-Mamá,invéntame un cuento.
"Un octubre te brotarán alas.Enseguida querrás probar cuán fuertes son y en franco desafío retarás las adversidades.
-"No te expongas a mi inclemencia"-Te dirá la lluvia,pero tú pensarás que es llovizna pasajera.
-"Aléjate de mis azotes"-Aconsejará el viento.Tú dirás:
-"Sólo brisa suave eres".
-"Mis rayos pueden abrasarte"-dirá el Sol y tú asegurarás que su turbulencia no te alcanza y que su tibieza es suave.
-"Vuela,hijo mío,pero cuando sientas frío ven a refugiarte en mi regazo"-Seguro dirá tu mamá.
"Entonces desafiarás las tormentas,las avalanchas,las furias del fuego y en cada batalla perderás un pedacito de tus incipientes alas o quién sabe si ya fuerte plumaje.La lluvia te mirará soberbia.El viento te golpeará la mejilla.El Sol sonreirá con desdén.Ese día vas a recordar que tienes un refugio cierto para alentar tus desvaríos.Ahí estarán los brazos de tu madre que restañan las heridas y devuelven con besos la vida."
-Abuela,invéntame un cuento.
-Enseguida,mi reina,espera un tantito.Estoy consolando a tu papa
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Antonia Blasa Martín Pérez  
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Jueves, 28. Agosto 2008 15:47 Host: adsl-233-0-222.mia.bellsouth.net Escribir un comentario Enviar E-mail

LA PARADOJA


Los seres humanos a veces se comportan como gusanos,son especie de generación tardía donde la indiferencia hizo nido para la mutación.Mundo infinito creado por Dios para ofrecer un lugarcito tibio a los vivientes, incluyendo a los gusanos,que exceptuando por la repulsión que causan,debieran tener mejor calificativo y en la soberana comparación ganan en clemencia ante los ojos del Señor.
Yo lo vi.
En una calle de esas de ciudad grande que son de todos o de nadie;pero anchas y libres para hombres,para gusanos,para bestias y para el amor,yo lo vi.Digo de ese amor que anda suelto cabalgando lo mismo sobre elegantes de leontinas de oro,que susurrando dádivas entre harapos,digo de ese amor para no confundir a los gusanos.Así es el mundo.Grande y pequeño.Amplio y estrecho.Entero y roto.Donde todo cabe y todos cabemos, al menos así debía ser.
Yo lo vi.
Un viejo extraño y ajado,con los ojos demasiado grandes para sus órbitas pequeñas,tal vez por el hambre o el frío,quizás por el desamor.No pedía dádivas el triste viejo,las recogía de lo que sobraba de las sobras que otros dejaban.Infeliz viejo sin nombre,sin calle.Feliz viejo estoico de sonrisa maltrecha,inocente y ajeno.
Yo lo vi.La prepotencia enfundada en traje de hombre;hombre despiadado y miserable sin la funda de su traje.La boca grande como fauce mascullando ofensas al desvalido.Tiranozuelo tonto creyéndose Dios y oliendo a colonia cara.Cerró esposas en las frágiles muñecas del vagabundo; un volcán sucio de improperios fluyendo de las fauces abiertas y babeantes:"Prohibido recoger dádivas.Contravención al orden.Desvergüenza para la calle.Mancha para la sociedad.Hedor para el aire."
Yo lo oí.
Y el gran ser humano bajo los harapos llevado en andas.Y el pobre viejo sin calle conducido por la fuerza.Y el pobre hombre cubriendo su vergüenza con excusas mientras los ojos marchitos relampagueban.Era una cacería para el buen nombre de la calle de todos y de nadie.La fiera conduciendo al hombre para ser devorado por el desamparo.Era la soberbia y prepotencia de un gusano que parecía humano llenándose de euforia por un acto de seguridad.
Yo lo vi.
La calle se puso triste como si una carroza fúnebre condujera a un rey muerto hasta la cripta de mármol.Un silencio respetuoso acalló la orgía.
Yo lo sentí.
En la otra esquina donde competían el oro y el brillo, un pillo cualquiera traficaba con el pudor y se guardaba el dinero maloliente.Y siguió pisando firme sobre la calle de todos,sin bestias ni hombres tras sus espaldas anchas y su estómago repleto.
Yo lo vi.
Dicen que el mundo es ancho.Dicen que la calle es de todos.El andén perfumado se cubrió de un vómito violeta.
Yo lo olí.
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Antonia Blasa Martín Pérez  
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LOS AMANTES DE LA COLINA

Sobre la tierra húmeda de la colina se yergue el tronco viejo de un árbol centenario,grueso,seco y endurecido,cobijado por ramas tan añejas como él mismo.Bajo su escasa sombra,los amantes.
Desde lo más alto de la colina rumorea el viento,sensual música arrancando ondular cadencioso a las hojas pardas negadas a perecer en la languidez del árbol enhiesto;pero caduco.Sorteando la sombra ascilante,entre la yerba húmeda del tapiz del suelo,las bocas sedientas de los amantes,recorriéndose el cuerpo.Llovizna.
La savia oculta del tronco viejo ensanchándose por las venas de sus vasos bajo la corteza profunda,pugna por ascender a las hojas ondulantes.El fuego de la sangre en los cuerpos desnudos sobre la alfombra del césped mojado,soltando amarras a la timidez.
La incitante brisa con aromas dulces de entrega y cabalgadura,escala las laderas añejas del árbol y estremece las ramas con sacudidas suaves,ondulantes,que despiertan a los néctares escondidos y ascienden lentos y voluptuosos,desde la raíz de la tierra hasta las ramas de la vida.Beso a beso los amantes mezclan sus humedades con la miel de su cariño prohibido.El árbol se estremece y en la rama olvidada brota un nuevo retoño.El viento lleva cantares de amantes que son suspiros y quejidos sordos de ramas secas del árbol de la colina.Bajo su escasa fronda se ha dibujado un niño y allá por la copa turbada,ha nacido un botón.A las plantas del viejo árbol de la colina los amantes sudorosos se sonrojan y sus miradas plácidas descubren el retoño tardío imaginando que algún beso ascendió hasta la copa.
Los amantes de la colina,después del amor,se quedaron dormidos.La llovizna pudorosa y tibia ha bendecido sus cuerpos abrazados y de las ramas del árbol gotean ambarinas las delicias del amor.El árbol y los amantes,la lluvia y el sol;paraíso reservado al otro lado del mundo donde solo hay espacio para la orgía inocente del más puro poema de amor.
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Martes, 24. Junio 2008 19:37 IP: 175-194-246-201.adsl.terra.cl Escribir un comentario Enviar E-mail

UN DÍA

Hora: 08.27

En Radio Nacional tocan “Acapulco 2 de la tarde”, Erika aparece frente a mis ojos con todo su misterio. La cabina de locución se transforma en un estudio en penumbras donde ella se desplaza con movimientos cadenciosos, llenos de recuerdos e ilusiones. Sus grandes ojos color almendra, se entornan en ansias de liberación y la impotencia me va derrotando lenta pero inexorablemente. Nada pueden mis poemas contra aquel de rubia cabellera, vital y juvenilque danzó una noche en un rincón apartado del mundo para Ella, con Ella.
Ya todo me es indiferente. La música, a va resonando, ahora lejana, apagada por mis sueños despedazados. “Acapulco 2 de la tarde”…

Hora 08.30

Decido ir al Peral (el psiquiátrico) a la salida del trabajo.

Hora: 11.52

Espero a Kito. Quizás sea mi soledad lo que me impulsa a visitarle. Lo siento amigo. Quizás no pueda hacer nada para ayudarme a salir de esto. sin embargo me agrada venir hasta aquí. Me choca inmensamente el olor a comida que se percibe al entrar a este pabellón. Tal vez eso sea lo que más asocio con mi estadía acá. Todos los sedantes no pudieron adormecerme el olfato. Del resto casi no recuerdo nada.
Me molesta que haya otra persona cerca. No puedo distinguir si es paciente o personal del hospicio.
Entre el fuerte olor a comida indefinida se siente, desde un laboratorio cercano, un vaho a trementina. Siento deseos de pintar. ¿Pero qué?. No tengo talento como pintor. Me costo reconocerlo, pero creo que es cierto. Tenía imaginación, pero no técnica. A veces me forzaba por descubrir un tema que fuese original y que pudiese asombrar a mis amigos. Algo que me hiciera “raro”, algo que los obligara a decir: “Carlos está loco...” Este acercamiento a la locura me atrajo siempre.

Hora: 12.25

Estoy esperando a Fisher el psiquiatra. Kito considera que es urgente que él (Fisher) me vea. Me resulta graciosa su preocupación. Un enfermo se desmaya a mi lado. Me cuesta ayudar a levantarlo. Pienso que por suerte ando con guantes.

Hora: 13.04

Vi a Fisher. No me pudo entender. Siento que ya no me podrá ayudar. Me hizo sentir que ya no le importaba mi caso, o que no es de importancia: ¡Qué desconsiderado!.

Hora: 13.10

Vuelvo a hablar con Kito. Le comento que no pude ser atendido. Decide acompañarme a ver a Fisher. Desea insistir sobre mi atención. Me hace sentir bien, como niño mimado. Necesito cariño…

Hora: 13.20

Por mientras los espero, en la puerta del pabellón de mujeres, se produce una pelea entre dos internas. Una golpea a la otra que se pone a llorar desconsoladamente. Siento deseos de ir a abrazarla y consolarla, pero tengo miedo. Los gritos aumentan. Ahora interviene otra paciente: “¡Asesina!, ¡Hija de Puta!, ¡Siciliana!”. Me llegan los gritos como bofetadas. Comienzo a escuchar un zumbido lejano, que segundo a segundo, se va intensificando. Lejanos se oyen los quejidos y los insultos. Miro frente al pabellón. ¡No entiendo la indiferencia de las enfermeras! Los árboles aún verdes parecen cantar distraídos.

Hora: 13.30

A la izquierda me parece distinguir gente, probablemente sean médicos o estudiantes. Los autos se quejan en sus violentas aceleradas. Sigo esperando algo, ya ni siquiera sé que espero. Todos se van. Las nubes también.

Hora: 13.35

Aparece Kito, el psicólogo. Me parece que es él. No tiene cara y camina como flotando en el espacio, como en una película en cámara lenta. Veo solo una gran barba que me habla. Pero no entiendo lo que me dice. Las palabras son sólo sonidos guturales. Puede ser un cavernícola: debo tener cuidado.

Hora: ¿ ?

Mi reloj está ovalado y en su esfera aparece una mano empuñada que señala, con su índice, un árbol seco.

Hora: Antes o después

El piso de cemento se acaba. Comienza un pasto rojizo, húmedo, tibio. Fantasmas blancos giran aullando a mi alrededor. Un gran volcán explota junto a mi oreja derecha. Mi hijo sonriente me dice chao con la mano desde el caballo blanco con manchas negras del carrusel. Mi hija dice pi-ri-pi-pi, pi-ri-pi-pi, imitando a su amiguito imaginario cuando llega desde la luna. Mi mamá me canta mientras me pone el pijama y voy paseando con mi papá por el Cerro Santa Lucía en la mañana brumosa. “Acapulco 2 de la tarde”


Del libro "La Espera, cuentos para solitarios"
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Martes, 17. Junio 2008 13:09 IP: 158-197-246-201.adsl.tie.cl Escribir un comentario Enviar E-mail

ENOLA

El agua de la vertiente le entregó generosamente el sonido que siempre había querido oír. No podía definirlo exactamente, pero sabía como era y desde la primera vez que lo oyó, allá en su remota infancia, lo añoró.
Carlos caminó lentamente, aspirando el límpido aire que el bosque le entregaba como una ofrenda de paz. La vegetación era exuberante y podía distinguir a lo menos doce o quince distintos tonos de verde, todos nítidos, frescos, radiantes. El agua al besar los bordes de la tierra que la encausaba, iba carcomiendo lentamente pequeños pedruscos formados por arenillas y metales donde el sol brillaba con más intensidad por el agua que los envolvía.
Hacia arriba, aún más allá del alto follaje, una sinfonía de trinos de distintas aves multicolores creaban una atmósfera mágica y suavemente relajante.
Se sintió tan lejano de todo, tan transportado a otras dimensiones de tranquilidad y placer, que no pudo notar la explosión de blanco que en un instante cubrió el cielo ni el sonido rugiente que en breves segundos quemó todo el entorno, incluyéndolo a él mismo.
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ILUSIÓN

El pánico le impedía cerrar sus ojos. Cuando apareciste, comprendió que estaba soñando.
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