El dios interior

 

Entonces, de los senos profundos de su vida

surgió una voz augusta, nunca jamás oída

una voz de reproche tal vez, tal vez de amor,

más sugestiva y fuerte que todo otro rumor.

 

Era el Yo que en el fondo del alma vive quieto,

y que le dijo: «Escucha, voy a darte el secreto:

¿Ansías, por ventura, saber si tu heroísmo

puede vencer a Helena? Pues véncete a ti mismo

primero; si en tu espíritu dominas este amor,

para el dominio de ella tendrás fuerza mayor.

 

La voluntad lo externo subordina y domeña,

si con antelación de sí misma se adueña.

Nada resiste al hombre que sabe resistir

a sus propios deseos. Para vencer, morir

antes es fuerza; tuyo será el mundo después.

¡No seas, y podrás más que todo lo que es!'

   «Desde hoy has de mirar ese tu amor tirano

como algo muy seguro..., pero que está lejano.

Como se ve en invierno el campo húmedo y frío,

pensando ¡ya se acerca la gloria del estío!

¡Como se ven las ramas en marzo, y se presiente

la savia milagrosa que sube ocultamente,

que ha sentido ya el beso del sol, y a cada rayo

responde con promesa de frondas para mayo!

¿A qué, cuando navegas, preguntar por el puerto?

con la proa en buen rumbo: tu arribo será cierto.

¡Marcha derechamente detrás de tu destino,

sin inquirir días que faltan de camino,

a fin de que la espera no clave sin remedio

en tu ecuanimidad los colmillos del tedio!»