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| Vicente Hodgger |
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Direccion: - |
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 Sábado, 8. Marzo 2008 16:58 IP: 49-251-21-190.adsl.terra.cl
Los Dioses del Neandertal
I
En el “Neandertal”, un gran territorio de grandes jardines, la vida era tranquila y armoniosa. Todos los animales salvajes vivían en paz sin nombrar la famosa cadena alimenticia. Pero a pesar de aquello último, todos los animales vivían en su propio habitad, comiendo solamente lo necesario sin que hubiesen cientos de muertes diarias. Se podría decir, que su comportamiento era mucho mejor que el de los animales del brillante “Jardín del Edén”.
Pero también, una de las grandes cosas del “Neandertal”, ya mencionadas, eran sus grandes y hermosos jardines, y como lo dice el nombre de este gran territorio, sus altas y verdes colinas y cerros. La Naturaleza de allí era la mejor del mundo. El fuego era potente y acogedor; el agua era cristalina y calmada; la tierra era lisa y sólida; y el viento era sereno y limpio. Como no serlo, si sus cuatro Dioses respectivos eran los que custodiaban este magnífico ambiente.
El Dios del Fuego, Soya; El Dios del Agua, Gozú; El Dios de la Tierra, Telo; y La Diosa del Viento, Frisa, convivían con gran solidaridad, compañerismo y amistad, aunque en más de una oportunidad había cierta competencia. Estos cuatro Dioses convocaban sus poderes para poder crear aquel hermoso paisaje de aquel jardín. Por millones de años siempre fue así, pero nunca pudieron presentir lo que vendría.
II
Era un día de Agosto, y el Sol lentamente salía por las grandes montañas, alumbrando todo el paraíso, y sirviendo como despertador para todos los animales que tenían trabajo que hacer para su sobrevivencia. Mientras tanto, desde el cielo, los cuatro Dioses miraban juntos su jardín a través de las nubes.
-¡Qué maravilla es ver como el sol aparece por las montañas, mi creación! – dijo Telo muy orgulloso.
-Yo creo que estás equivocado. Es mucho más maravilloso ver como se esconde el sol por el mar, MI creación – saltó Gozú contradiciendo a Telo.
-Estás totalmente equivocado, es mejor verlo salir alumbrando el mundo, a que verlo esconderse dejándonos a oscuras – trató, Telo, de defenderse.
-Eso no tiene absolutamente nada que ver, mejor…
-¡Ya basta! – Fueron interrumpidos por Frisa - están discutiendo por algo en el que ninguno de ustedes va a ganar
-¡¡Miren!! ¡¡Miren allí!! – Gritó Soya preocupado, señalando los jardines.
Lo que pasaba era que todos los animales: leones, elefantes, hipopótamos, cebras, caballos, jirafas, renos, gaviotas, halcones, buitres, cocodrilos, monos, y muchísimos más, corrían y volaban rápida y desesperadamente en dirección al Este, como si alguien los persiguiese. A parte del ruido y movimiento que provocaban los animales al correr, se escuchaba otro ruido, como un zumbido, y varios y pequeños, pero fuertes movimientos que hacían temblar todo el jardín. Soya, Gozú, Telo y Frisa miraron hacia el Oeste, para saber que era lo que ahuyentaba a los animales. Al principio no se podía ver pues al parecer aquello venía tras las colinas, pero cuando se pudo divisar, los cuatro Dioses se echaron hacia atrás muertos de miedo. Aquello que ahuyentaba a los animales eran nada más y nada menos que los subdesarrollados Ogros. Eran horripilantes, seres altos, gordos, con gran cabeza pero poco cerebro, verdes, que solo ocupaban la fuerza bruta para vivir, y que siempre tenían un arma de piedra o de palo en sus manos. Todo esto asustaba a los Dioses. En ese momento eran aproximadamente 40 Ogros con hachas dispuestos a hacer lo que tenían planeado.
Se podía notar que por la tranquilidad de los Ogros al caminar y por la lejanía de los animales, no venían a cazarlos, pues sería imposible. Además que, poco a poco, iban tomando un rumbo que no iba en dirección a ellos, sino que al Bosque del Silencio, el bosque de pinos más grande del Neandertal y que estaba a unos 2 kilómetros de los Ogros. Pasaron minutos, hasta que al fin llegaron. Se introdujeron en el gran bosque, y sin esperar más, con las hachas comenzaron a cortar los árboles. Como eran tantos Ogros, en solo unos pocos minutos ya habían varios pinos en el suelo. Todo el mundo sabía que los Ogros, apareciesen donde apareciesen, quería decir que habían sido mandados por los enanos, pues ellos eran sus amos, lo que quería decir que hiciesen lo que hiciesen, no era para su beneficio.
-Debemos hacer algo – Dijo Soya
Todos estaban de acuerdo.
Pero en aquel momento Frisa se percató de algo y les avisó a los demás. Dos de los Ogros tenían en sus manos un gran jarrón con tapa de color azul, y lo que había llamado la atención, era que esos Ogros lo habían destapado, liberando un humo morado que se extendía rápidamente. Tan rápido, que en solo segundos ya habían llegado a las nubes, en donde estaban los Dioses. Pronto de se dieron cuenta que iban perdiendo el equilibrio y que iban cerrando los ojos poco a poco, y que también, ya sabían su causa: El humo del Jarrón.
En unos segundos más, los Cuatro Dioses estaban tirados en las nubes inconscientes. Y lo peor es que no eran los únicos, todos los animales del sector habían caído en un profundo sueño en pleno día, al igual que ellos.
III
Al otro día, cuando los Dioses se despertaron de aquel sueño, lo primero que hicieron antes que todo fue mirar su jardín para saber en que estado estaba después de lo ocurrido, y vieron lo peor. Todo el Bosque del Silencio, el gran bosque de pinos, en los que habían entrado los Ogros, estaba sin árboles, al parecer, los Ogros se los habían llevado a los enanos, y habían liberado aquel humo para que nadie interviniese en sus planes. Los Dioses no lo podía creer; no podían creer como podían destruir aquel bosque, con qué crueldad, siendo que esos mismos árboles eran los que les daban el oxigeno para que viviesen. Era espantoso, estaban destruyendo vida.
Por otro lado, los animales que habían caído en el sueño, cuando despertaron, comenzaron a recorrer el bosque, viendo cada pino que los Ogros habían cortado.
-Lo sabía, no son más que máquinas, no tienen sentimientos – saltó Frisa enfurecida.
-Cuando los vea, desearán nunca haber pisado “Neandertal” – Agregó Soya
De repente, los Dioses volvieron a ver a los animales correr hacia el Este, desesperados; algo se acercaba, venía tras las colinas. Cuando se pudo apreciar, los deseos de Soya y los demás Dioses se cumplieron: eran los Ogros. Caminaban tranquilos, con hachas en manos, en dirección a otro bosque, pequeño pero no menos importante, que se encontraba a unos metros del destruidor. Al igual que ayer, dos de los Ogros traían el gran jarrón azul, que hacía dormir a cualquiera que lo inspirara.
- Esta ves si debemos hacer algo, pero rápido – exclamó Gozú - ¿Qué opinan?
- Por supuesto – respondieron los tres.
En un dos por tres, los Cuatro Dioses estaban ya con los pies en la tierra. Lo Ogros cuando estaban en dirección al bosque con sus hachas en mano, Telo se interpuso en su camino.
-No les gusta hacer sufrir, pues sabrán lo que es sufrir.
Sin dialogar más con ellos, ocupó sus poderes. Hizo temblar la tierra, haciendo que perdieran el equilibrio, y comenzó a hacer pequeñas grietas en ellas. Incrementó su fuerza y comenzó a provocar grandes erupciones, haciendo que los Ogros saliesen disparados hacia el cielo. Más tarde, cuando los Ogros sabían el peligro que corrían allí, corrieron en dirección contraria, pero allí los esperaba Soya.
-Hola, amigos – dijo Soya irónicamente - ¿Les gusta el fuego?
Con el fuego hizo una gran pared, que tomaba la forma de animales salvajes, entre ellos el león, el gorila, el oso y el águila, lo cual provocaba un gran terror. Los Ogros estaban muertos de miedo, y por esto, volvieron a correr hacia la dirección contraria; allí ya no estaba Telo, pues se había escondido bajo tierra, sino que Gozú, dispuesto a mojarlos.
-No sé si me equivoco ¿Pero no creen que hace mucho calor?
Con las manos tiró grandes y potentes chorros de agua, que hacía que los Ogros saliesen disparados hacia atrás. Después, levantó una gigantesca ola, que tomaban la forma de animales marinos, entre ellos, el tiburón y la ballena, y más tarde dejó caer la ola sobre ellos. Los Ogros fueron arrastrados rápidamente por el agua, y Soya, que estaba del otro lado, pedía ayuda para que el agua no lo apagara, pues era un ser cubierto de fuego. De repente ¡Bum! justo el sector en el que estaba parado hizo erupción y salió volando; cuando llegó a las nubes, miró hacia abajo y vió una mano que salía de la tierra teniendo la posición de afirmación: Era Telo.
Mientras tanto abajo, los Ogros que lograron levantarse de aquella gigantesca ola, no sabían lo que les esperaba. Un gran viento comenzó a rodearlos, cada ves más intenso. Poco a poco, este viento comenzó a levantarlos, más y más, y después, en solo unos segundos, los Ogros estaban dentro de un gran tornado.
-¿Les gusta marearse?
Frisa, enfurecida, formó una especie de cañón y ¡Bum! los Ogros salieron disparados hacia el Oeste, de donde habían venido.
IV
Habían pasado varios años desde aquel incidente, y todo estaba en orden. El Sol brillaba resplandeciente, el mar estaba calmado, las gaviotas y águilas volaban tranquilamente en todas direcciones, los animales terrestres también, dándole tiempo a su familia como a la sobre vivencia. Las colinas tenían un hermoso color verde y unas hermosas flores como también ríos por doquier. E incluso, por el poder del Fuego, el Agua, la Tierra, y el Viento, aquel bosque de pinos que había sido totalmente destruido por los incapacitados mentales Ogros, estaba con todos sus árboles ya crecidos, erguidos y altos, igual que hace años.
De los Ogros nunca se supo, pero tampoco se quería saber, aquí, en el “Neandertal”.
Mientras tanto desde el cielo, los Dioses miraban su jardín a través de las nubes con gran orgullo.
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