PIRATA

                        A Carneiro

No te importó mi miedo
e hiciste que caminara
hasta el borde del tablón

La espada  que aferraste a tu puño
no tuvo compasión
al penetrar en mi carne
y me lanzaste al mar...

Asustada,
me vi nadando entre olas
de vocales y consonantes

Todas ellas
vinieron a mi encuentro:
formaron un camino,
lo alfombraron con finos papeles
invitaron a los puntos, a las comas
para que yo pudiera
dar vida
a mi abecedario.

Pusieron en mi frente
una corona trenzada

 con letras y caracolas,
vistieron mi cuerpo
de poesías y prosas
y un coro de palabras
me escoltó a la superficie:

Pirata !

-El océano respetuoso
guardó silencio-.

De la herida que provocaste
brota la sed que convertirá
mis pensamientos en signos.

No dejes de mirarme,
no sueltes mi mano,
la  necesito
para sentir tu fuerza,
para que roces mi piel...


Desde lo alto de tu galeón
ví resplandecer el acero
frente a tu faz.
Pirata,
mi clandestino,
yo también te rindo honores.


©María Beatriz Ronchera.

 

 

  

               

Comente el poema. El autor se lo agradece.

         Su nombre  

           Su E-mail    

                                    Comentarios