ROMANCILLO AL PATO YECO
Al yeco (phalacrocorax brasilianus), cuervo marino de Chile

 

No te quieren,
pato yeco:
¿es por diablo,
o es por feo?
¿es por chico,
o es por negro?
¿es por sucio,
o es por clueco?
Unos dicen
que tu vuelo
sobre plazas,
calles, huertos:
quema todo el
verde fresco
y los parques
deja yermos.
¿Son tus fecas
bombardeo
proveniente
del infierno?
Simplemente:
no lo creo,
y me gusta
tu aleteo.
Sobre todo
por tu esmero
en ser humilde,
como el viento.
Y me basta
solo eso
para hablarte
con respeto:
Inocente
bombardero,
no te sientas
un perverso.
Nunca olvides
que aunque negro
y aunque torvo,
yo te quiero:
porque eres
tan pequeño
y tan gigante
como un pétalo.
También tienes
tú el derecho
a nadar en
el estero,
como el cisne
cuello negro
o las garzas
blanco eterno;
y a gozar de
los conciertos
de zorzales
en flirteo;
y también de
los gorjeos
concertinos
del jilguero.
No señor, yo
no deseo
que terminen
con tus huesos,
tristemente
por el suelo.
Que yo amo al
crisantemo,
a las hojas
del pimiento
y a las flores
del ciruelo:
¡no se dude
ni un momento!
Pero entiendan
mi concepto

 

del humano
entendimiento:
¡como hombre
yo no acepto,
que se mate al
pato yeco!
¿No es acaso
más que cierto:
que ante Dios
y el universo,
es más vil y
canallesco,
el que dispara
por desprecio?
¿Y que nada hay
más abyecto,
que matar por
oro negro,
y quemar el
bosque espeso,
solamente
por provecho?
¡No señores,
no hay derecho!
Y aunque piensen
que exagero:
por sensible,
por bohemio,
por artista y
por sincero,
-para algunos
que perdieron
el latido
de lo eterno-
el poeta, es
malévolo.
Me parece
que por eso,
por el juicio
de los necios,
y por nada
más que eso:
nos sentimos
tú y yo, presos.
Mientras tanto
yo te ofrezco,
aunque raro, un
buen proyecto,
para que unos
cuantos lesos,
no te pierdan
el respeto.
Sobrevuelen
este invierno,
en bandadas
el congreso
y descarguen
todo el peso
de sus rudos
excrementos.
Pero ojo,
¡muy atentos!
no ataquéis a
los correctos,
que también hay
hombres buenos,
que trabajan
con empeño
y sacrificio,
para el pueblo
por el cual
fueron electos.

Y si aun
tienen aliento,
les propongo
un raudo vuelo

 

por algunos
ministerios,
a descargar
todo el resto.

Que al saberse
de este gesto,
darán gracias
los chilenos
y hasta puede
que contentos,
¡les perdonen
el pescuezo!
Y es posible
que al saberlo,
los artistas
del museo,
sin ponerse
ni de acuerdo,
les levanten
monumentos
o les pinten
lindos lienzos;
y con mucho
sentimiento,
en escuelas
y liceos,
estudiantes
y maestros
les reciten
estos versos.
Y no habría
yo por cierto,
de sentirme
muy perplejo,
si al cabo
de algún tiempo,
un país
amigo nuestro,
nos importa
patos yecos,
para dar buen
escarmiento
a políticos
ineptos,
descargando
guano fresco,
sobre el propio
parlamento
y poderes
del gobierno,
por no haber
tenido éxito
en brindarle al
suyo pueblo:
la salud y un
digno empleo,
merecidos
por derecho.
¡Qué castigo
más moderno!
Novedoso
desafuero,
para algunos
caballeros,
de corbata y
buenos ternos,
que carecen
del talento,
la honradez y
buen criterio,
que requiere
su buen puesto.
¿Consideras
un exceso
de mi parte,
lo propuesto?


 

 

 

¿Te parece

sacrilegio,
castigar a
algunos regios,
que defraudan
a su pueblo?
Cormorán de
vuelo lento:
tu advertencia
yo agradezco,
pero el canto
del aedo:
¡por ventura,
no es ecléctico!
Y los hombres,
aunque lerdos,
reconocen
este hecho:
hay más virtud
que defecto,
en un cantar
que es honesto.
Solo alegan
los ineptos,
que se sienten
descubiertos.
Otros callan,
pues su techo
es de vidrio y
no de acero.
Los honrados
del gobierno
y también los
del congreso,
que se saben
bien derechos,
solo ríen
con mis versos;
y se sienten
muy contentos
si charlamos
al respecto.
Lo importante en
todo esto,
es sentir un
gran respeto,
por el voto
del obrero,
quien merece
buen cochero,
en el viaje
siempre lento
y doloroso
hacia el progreso.
Eso es todo,
todo es eso.
¡lo demás, es
puro cuento!
Y más vale, o
vale menos,
que termine
este soneto,
burlador de
los preceptos
y los cánones
poéticos;
pero marcho
muy contento,
si cruzando
yo el estero,
me saluda
con aprecio,
el graznido
satisfecho:
¡de un volante
pato yeco!

 Atras

Comente el poema. El autor se lo agradece.

          Su nombre  

          Su e-mail    

                                    Comentarios 

                              

          

1