Helibicaria.

La señorita Helibicaria siempre había pintado panoramas marinos desde su ventana en calle Tolson, cerro Esperanza, Valparaíso.

Hasta que le aconsejaron que se dedicara a los retratos. Como nunca lo había hecho, comenzó-espejo en mano- a practicar en ella misma.

¡Difícil desafío!

Flácidas formas, maraña de arrugas, enfermedades, dibujos profundos tallados por la vida.

¿Podía ella penetrar en su propio génesis?

Lo que refleja ese espejo resuena en su propio corazón.

Comenzó a horrorizarla su sombría decadencia.

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Los pinceles yacían secos de muchos días en las yertas manos frente al inacabado cuadro, cuando el Comisario penetró en la habitación.

©Lucía Lezaeta.

 

  

               

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