HIJOS DE LA AURORA

Oh! mortales, hijos de la aurora,
hermanos de la alondra que sentisteis en vuestros
tiernos corazones el glorioso esplendor de la hierba
bañada por el rocío transparente de la mañana.
Bajo el arco triunfante del alba el soplo
de cien primaveras aspirasteis
en los frescos azahares
y en el sagrado perfume de las rosas.
Los dulces trinos de los pájaros
bebisteis antes que el sol en la espiga
su luz abierta y clara a sus ondas entregara.
Cuando el torrente vibrante de celestes liras
en el huerto entregaba
su canción gloriosa henchida de armonías
a vuestras límpidas pupilas,
allí estabais poetas primeros
henchidos de pureza y de vida.
Vuestros corazones palpitantes en ambrosía
recogían en la pradera y en la montaña
la simiente preciosa,
el verso verdadero
porque
puros, inocentes
erais
en la fresca rima del corazón
y en las claras fuentes de la alborada.
¡ Oh! aquellas líricas estrellas,
el canto azul,
la armonía del cosmos
en los sagrados labios adolescentes;
dulce y pura miel
en el prístino origen
cuando la abeja libando va de flor en flor.
Virtud creadora desde vuestros pechos emergía,
el puño fecundo y la pluma vigorosa
en fulgor transmutada;
¡Cristalina, oh poetas, era vuestra lírica vertiente! ...
Lejano estaba el áspid extraño de hoy
que en la bífida lengua
la palabra dura y fría oculta detrás de los treinta y dos dientes.
¡ Oh! mortales, hijos de la aurora
hermanos de la alondra que sentisteis en vuestros
tiernos corazones el glorioso esplendor de la hierba
lejos estabais
de la fuente de la falsía y el error,
porque
puros, inocentes
erais
en la fresca rima del corazón.
y en las claras fuentes de la alborada.
¡ Oh! aquellas líricas estrellas,
el canto azul,
la armonía del cosmos
en los sagrados labios adolescentes.

© Luis Ossa Gajardo

 

  

               

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