Capítulo III, I Parte, El Quijote
Quijote loco y descocado
mudando una venta en castillo
postrado ante un ventero malandrín
rogaste te armara caballero.
En pilón de mulos y burros
las armas pusiste en vela,
en calzoncillos y camisa
heriste a inermes harrieros.
Tu castillo enloquecido
de capilla adolecía
y de lenocinio disfrazado
animaba la noche Montielina.
A falta de paje y escudero
Tolosa de Toledo y Molinera de Antequera,
de la venta prostitutas,
la espada y la espuela te invistieron.
Refugiado en tu locura
olvidaste la nobleza de un hidalgo,
el porte y la elegancia necesaria
del andante caballero.
Reírme yo esperaba
de caballerosas aventuras,
mas sarcasmo que ironía
esta vez urdió Cervantes.
©Marcos Concha
Abril 2005