CONQUISTA                                                                                  

                                                                                                                                María Teresa Barros R.

 

            Lo miré. Sus ojos encantaban y enardecían mi condición de mujer. Me atraía, con un impulso difícil de controlar.

            Sabedora de que nuestra amistad correría peligro, me propuse conquistarlo en un plazo no mayor de una semana.

 

Día primero:

Causar impacto

 

            Corrí donde Sebastián. Era preciso cambiar de look. Las tijeras se deslizaron inclementes sobre mi largo pelo rojizo. Dos centímetros alocados se dibujaron en todo el contorno de mi cabeza. Las cejas tupidas se convirtieron en dos finas líneas acompañando unas rizadas pestañas de muñeca. Se alargaron mis uñas, adornadas de un fuerte carmesí.

            En la tienda, desfilaron pantalones y petos ajustados hasta terminar con una falda mini y blusa semi abierta. Estaba irreconocible.

            Nos encontramos en el café. Pasó de largo.

            -¡José Ignacio!

            Me miró como quien ve un fantasma. Primero asombro, luego, no cesaba de reír.

 

            Lloré toda la noche.

 

 

Segundo día:

Intelectual

 

            A las ocho de la mañana me lavé el pelo y quité el esmalte de las uñas. Devoré, hasta las cinco, dos tomos de enciclopedia. Física cuántica, filosofía, filatelia, fútbol, Franco, Carlomagno, cristianismo, cultivo de flores, conquistadores: eran ahora parte de mi intelecto.

            Fui a su casa. La familia estaba reunida.

-Entonces…la física cuántica dice…

-Sofía, ¿qué te pasa? Te pareces a mi tía Eduvigis, la sabihonda…

 

            Segunda noche llorando.

 

 

 

Tercer día

Maternal

 

            A las nueve, el cielo ennegrecido presagiaba lluvia. La cocina me acogió durante más de tres horas. Cinco cuadernos de recetas, un alto de platos, cucharas, tazas, ollas, quedaron luego de mi esforzado trabajo. Seguro le gustarían las sopaipillas.

            A las seis en punto llegó. Casi se nos quiebran los dientes. El pobre repetía una y otra vez… ¡humm, están ricas, en serio!

 

            Esa noche el llanto tenía mis ojos convertidos en bolsas rojizas.

 

 

Cuarto día

Psicóloga

 

            A las diez, no lograba despertar. Media hora después me llamó.

            -…

            -Sí, por supuesto, puedes venir a almorzar. Ya me contarás lo que te pasa –repetí dulcemente.

            Conversamos, conversamos y conversamos. Estaba enamorado, y lo peor…no era yo. Sin enterarme del nombre, mi don de psicóloga lo tranquilizó dándole esperanzas y fuerzas para que por fin, lograra el amor de otra.

 

            No me quedaban lágrimas esa noche.

 

 

 

Quinto día

Descanso

 

 

            Dormí todo el día.

 

 

Sexto día

La presentación

 

            Por fin conocería a mi rival. Por lo menos no se dio cuenta de mis intenciones y nuestra amistad no se vería dañada.

            Esmeré mi arreglo. De seguro era una chica simpática, tal vez bonita y sexy.

            Llegaron pasadas las siete.

            Entró José Ignacio, luego Alfredo…solamente los dos.

 

 

Séptimo día y sucesivos

 

            Sigo llorando

 

  

               

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