La habitación inundada por una luz mortecina amarillenta, mantenía un ambiente de tienda de libros antiguos.
El sisear de instrumentos, tubos de energía , generadores y los más variados adminículos acompañaban a la luminiscencia antigua. Completaban el entorno un grupo de adustos hombres vestidos con batas blancas y rigurosos trajes pese al calor reinante. Los vapores del sudor humano se mezclaban con cierto polvillo que a veces se colaba por las ventanas...
¡¡ Así no puedo trabajar!! Vociferaba un hombre alto con ojos inteligentes.
¡¡ Esta mierda parece un bar, en vez de un laboratorio!! – agregó.
- Pero... replica otro, más bajo y gordo, no hay más medios, es lo que tenemos.
- ¡ No importa, no nos merecemos estos!. Somos el experimento o proyecto más grande desde el arca de Noé y nos lo deben, ustedes saben a que me refiero.- terminó
El grupo de hombres se miraron con cierto temor y sometida reverencia al fuerte carácter de OPPENHEIMER su científico en jefe.
Aquilatando la tensión del momento, OPP... les agregó ... bueno muchachos, sigamos trabajando. ¡ A ver porque esta fusión nuclear no se produce! . Los restantes como obedientes soldados acometieron con decisión la continuación del proyecto “MANHATTAN” .
Los instrumentos continuaron con el bombardeo del átomo sin imaginarse jamás la descomunal lucha que se producía dentro de la diminuta partícula y su núcleo.
Una visión fantástica para un observador privilegiado se desarrollaba en lo más pequeño, en lo más diminuto, en lo más ínfimo.
Una gran explosión de burbujas tornasoladas acompañadas de vahos rojos y amarillos danzaban frenéticamente dibujando líneas imposibles.
Un fuerte conjunto de neutrones y protones discutían fieramente, otro grupo de electrones se sumaba a el entrevero y para hacerlo aún más caótico, gluones y fotones advenedizas partículas crearon la locura total.
- ¡ Maldita sea, aléjate de mi!, le decía un protón a otro, no ves que nuestras cargas eléctricas se repelen y me estás deshaciendo , ¡imbécil!.
- ¡ Ese no es el tema!, es nuestra condición natural por si no lo sabes ¡ ignorante!, le respondieron.
Súbitamente un rayo azul cruzó y se adosó a un protón. Este extrañado lo miró haciendo gestos de asco, ¡y tú! ¿de donde saliste?
El neutrón correspondió la mirada de asco y respondió. -¡De verdad eres un ignorante! Acaso no sabes que nosotros “desgraciadamente” nos atraemos por causa de la fuerza fuerte.
Y así las discusiones se sucedían hasta que el orden se fue imponiendo en forma gradual. Un grupo de “gluones” tomó la palabra y su representante expuso:
Amigo, partículas aquí presentes, como bien ustedes saben nuestra función es mantener el núcleo del átomo unido, pues si permitimos la separación nuclear el futuro del hombre estará tremendamente comprometido y avizoramos una tragedia para la humanidad si les entregamos esta energía sin control.
- Es problema de ellos!, intervino un fotón enrabiado. Nuestra condición natural y física es esa, si ellos descubren como hacerlo bien o mal para el ser humano, pero nosotros habremos seguido nuestro designios.
-¿ Es designio lógico la destrucción de la humanidad?, le contestaron. ¿ Crees por ventura que el hombre se va a detener ahí?, Nosotros bien sabemos que después de la energía nuclear siguen otras más potentes que escapan incluso a nuestro entendimiento. Pero....intervino una partícula Alfa, ustedes bien saben que yo estoy siendo inoculados por los hombres y estamos bombardeando el núcleo para producir la reacción en cadena, pero aún así creo que debemos detenernos, ¡esta energía es demasiado terrible!
- No crees en tu naturaleza, le contestó el mismo fotón
- ¡ Pero claro!, se defendió la partícula, piensa que yo soy de Helio y el 20% de la materia estelar es de este elemento y si provengo de ella no desea que se destruya mi génesis.
- Un electrón agregó... Yo que soy de la corteza de este núcleo les digo que esta discusión es inútil y tonta. Vean que si ellos descubren que el Uranio es más inestables que el Hierro la reacción , separación o fisión nuclear como quieran llamarla será irremediable.
- ¡ Pero aún así debemos intentarlo!, desafiaba el gluón. Que no ven acaso la condición natural del hombre es intrínsicamente perversa, con tal de destruir a su enemigo será capaz de quemar el mismo infierno si se pudiera.
La discusión volvió a generalizarse y a subir de tono. Mientras esto ocurría los físicos hacían ingentes esfuerzos por producir la reacción nuclear en el laboratorio.
OPP... sudaba y miraba ceñudamente a su operador de equipos y le dijo ... ¿Qué opinas OTTO? ¿haremos algún cambio?, Otto desaliñado ya por el exceso de trabajo lo miró con ojos cansados y dijo.
- Mira la verdad es que no debemos centrarnos tanto en el bombardeo particulado, yo haría un cambio radical.-
¿Cómo cuál? Replicó su jefe
- Cambiemos elemento por otro más inestable.
- ¿Cuál sugieres?
- No sé ... dijo Otto, mirando a sus compañeros y exclamó.
-¿ Alguna idea muchachos?
- ¿ Cobre? Dijo uno, ¿Oro? Dijo otro... Quizás una aleación agregó un tercero.
- ¿ Cuál es tu idea? Preguntó OPP.. a Otto.- La verdad que yo creo que algo verdaderamente inestable como el Uranio nos serviría y podríamos controlar la reacción adicionando Cadmio y Boro.
OPP... quedó meditabundo, pensó un rato y dijo casi en susurro.
- Que así sea ... alguien dijo una vez “de dos opciones elige la más simple pero no tan simple”-
-Ok. ¡Muchachos! Pongamos el Uranio a trabajar para nosotros y seamos más grandes que el “Arca de Noe”, terminó casi gritando.
El avión dio un bote en el aire cuando se liberó de su pesada carga.
900 kilos de metal caían con la delicadeza de un piano en pos de la ciudad de Hiroshima.
Un niño de 9 años se detuvo a mirar aquel extraño objeto que velozmente se acercaba, hizo caso omiso a las sirenas de alerta de bombardeo y esperó sin saber qué.
La explosión le cegó y sintió como una energía tremenda arrancaba su piel y pelo. Pese a la lejanía de la explosión el palpó que el infierno se quemaba sin compasión. No entendía porqué el gatillarse su cabeza hacia atrás junto con sus extremidades creyó escuchar un ¡¡se los dije!!.. al momento de evaporarse su alma.
©PABLO TELLO ROSALES