ALMAS GEMELAS
La cara del viejo denotaba la angustia de un largo combate, el sudor surcaba sus gruesas arrugas las cuales como testigo de piedra demostraban y marcaban el esfuerzo de toda una vida.
La anciana con su pelo enraizado con virutas de madera y restos de hollín de la chimenea , sostenía un hacha tan temible como su fulgurante mirada.
¡Tania! bramó el viejo, ¡ se están colando por la cocina !, acto seguido la vieja descargó su desesperación y temor en un hachazo terrible que partió en dos a un lobo adulto de unos 40 kilos. ¡Vasily! – exclamó ¡Maté a uno!, pero no puedo más mi amor. El viejo cruzó la cabaña tan raudo como se lo permitía su robusto y enorme cuerpo y llegó a la cocina. ¡Mi vida! ¿estás bien?, preguntó. Si mi amor pero no doy más, mis brazos pesan como yunque y mi corazón se parte.
Vasily, un hombre grande y fuerte para su edad clavó su mirada en los ojos azules y soñadores de su avejentada y agotada esposa.
Llevaban tres días completos rechazando el ataque de una enorme jauría de lobos angustiados por el hambre. Su cabaña de madera maciza ubicada en pleno corazón de “Irkust”, zona selvática de la estepa rusa Había resistido las inclemencias del tiempo y el ataque de los voraces lobos.
Cada ataque le significaba a Vasily salir a proteger sus gallinas y ganado bovino de los corrales. Sus municiones se habían agotado por lo que propinaba certeros mandobles con un pesado sable de la guardia imperial rusa.
Los lobos le habían provocado innumerables heridas, pero Vasily seguía cortando y matando con la esperanza que los lobos se cebaran con los cadáveres de sus compañeros y los dejaran en paz a ellos. Pero no, una vez muertas las aves de corral los sanguinarios cuadrúpedos ya con furia maníaca atacaban sin cesar la casa saltando y rompiendo los cristales de las ventanas.
Vasily conocía la razón de ese desmedido ataque, pero no quería expresar su aterrador sentimiento a su esposa.
¡Vasily! ¿los niños están bien?, preguntó Tania. El hombre asintió con la cabeza pensando en el destino incierto de dos pequeños de un año, gemelos con que la naturaleza había bendecido tardíamente a este viejo matrimonio.
Los dos niños inocentes y asustados estaban amarrados a una viga en lo alto del techo de la cabaña con el objeto que si los lobos entraban sus fauces no los desgarraran.
Tania abrazaba fuertemente a Vasily implorando ….. ¡Dios! ¡tómanos a nosotros pero a ellos no!, déjalos vivir ¡te lo imploro!, dijo arrodillándose. Su angustia se transformó en lágrimas secas que ya no fluían.
El ambiente era terrible, el polvo suelto por los embates de los lobos que penetraban, Vasily como un poseso matando carniceros y su mujer desesperaba queriendo soltar los niños para llevárselos al pueblo más cercano.
¡¡No!! Gritó desgarrado Vasily, ¡no los sueltes!, ¡es su única oportunidad! Alcanzó a decir cuando el abismo se abrió y el infierno se adueñó de la otrora acogedora cabaña. Una acometida descomunal de los lobos logró irrumpir violentamente en el interior. Los pelos erizados y ensangrentados de los animales se confundían con el sable enrojecido de Vasily, quien tomando a su esposa en vilo la sacó a campo abierto.
¡Vasily! ¡ Mi amor ! ¡Los niños! Gritó desgarradoramente la mujer mientras era llevada hacia un montículo nevado.
¡Mujer! ¡entiende! Le espetó el hombre, ¡necesitamos atraerlos hacia nosotros!, los niños están a salvo en esa altura y si morimos alguien los encontrará.
Bastó con esa afirmación para que la jauría los atacara con fiereza, el sable ya partido hendía, cortaba y rasgaba. El hombre cayó de rodilla herido ya mortalmente, su mujer a sus espaldas se desangraba en innumerables partes. En ese momento los lobos se sabían vencedores y bastó un gruñido del “macho ALFA” para que giraran sobre sus patas traseras y partieran raudos a la cabaña en busca de víctimas más tiernas.
¡Mis niños! Musitó Vasily con la cara pegada a la nieve con un ademán de ruego con su mano estirada hacia la cabaña. Su esposa lo miraba con la máxima desazón imaginable. ¡Vasily! Nos morimos – susurro – no podremos cumplir con nuestro destino, te amo, agregó.
El viejo con los ojos arrasados por las lágrimas tomó la mano de su esposa y le dedicó la más profunda y cálida de las miradas como si quisiera envolver y acoger el alma de su pareja. Siempre te amaré, en esta y otra vida nuestro destino es sólido como el granito – contestó.
Con la muerte adormeciendo sus cuerpos y helando sus corazones, Vasily creyó escuchar unos estampidos seguidos por un rabino tropel.
Frente a él se materializó literalmente una figura desordenada de pieles y hedores inconfundibles de un cazador.
La figura se arrodilló y les susurró a ambos; sepan ustedes valientes almas que están encadenadas para toda la eternidad, ustedes son parte del Orden Universal. Ustedes son “ALMAS GEMELAS”, nada ni nadie los separará cuándo vuelvan a encontrarse. Por mandato divino son las mitades perfectas diseñadas por el creador, aún así se requieran miles de años para unirlos nuevamente.
¿Quién eres, preguntó agónico Vasily? – eso no importa respondió – la figura, yo cuidaré a vuestros hijos hasta que sea el momento de entregarlos a las leyes del cosmos para que ustedes los encuentren.
Los viejos se miraron y se dedicaron una última comunión de sentimientos tomados de la mano, ¡Gracias Dios mío!, musitaron tiernamente y murieron en la nieve.
La figura se irguió e inició un caminar pausado hacia el atardecer invernal, llevando dos bultos arropados en pieles uno en cada brazo.
A lo lejos, como corolario de tan increíble jornada se escuchaba el aullido lastimero de un lobo.
©PABLO TELLO