La acacia vecina.
Bajo un arco de estrellas,
entraba a mi patio
el racimo blanco
de la acacia vecina.
Verde y generoso,
hacia mi puerta,
extendía el árbol
su flores perfectas.
Cada primavera
el árbol vecino
prestaba a mi aire
su aroma indecible.
Mas, miré un día al cielo,
y ya nada había,
mis bellas acacias
había cortado la sierra.
©Pili García-Tello.