El tiempo puede ser.

 

No había códigos,

parlamentos o leyes dóciles

para detener el tiempo.

 

Sólo cláusulas de leves intenciones,

propósitos soñando a medias

pero no se aventuraron.

 

Y el tiempo será enterrado

como negación acribillada

sin deleite ni miel, sin obra.

 

Como tantos designios

que nunca

llegaron a ser sucesos.

 

Pudiendo ser el tiempo

cuna abrasadora

de la dicha.

 

Sylvia Manterola

© Derechos reservados

 

 

  

               

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