Un mendigo enamorado
En un país lejano, de cuyo nombre no me acuerdo,
llegó un buen día un mendigo
a la vivienda del señor Lorenzo.
¿ Quien viene a golpear a nuestra puerta?
Preguntó el amo de la hacienda.
Es un mendigo y trae una espada, le dijo la criada.
Además dice ser un caballero, con su hierro
ha partido de un revés a un gigante, hace un instante.
“¡Mi amo, ha de ser Caraculiambro,
aquel gigante el malandrín!
El dueño y señor de la ínsula de Malindrania,
¿Qué busca usted aquí en mi hacienda?
Preguntó el señor Lorenzo.
Sin vacilar contestó el mendigo:
“Caminando y sin merienda, he llegado a esta hacienda.
He venido en busca de la señora de mis pensamientos,
a pedir la mano de su hija Aldonza .”
-¡La mano de mi hija le concedo solamente a un caballero
no a un mendigo! Ese sería mi más vil castigo.
-Por pedir la mano de su hija, si, soy mendigo,
pero soy hombre con honor.
¡He salvado la dignidad del hombre,
por ello soy luchador y también un caballero!
He caído de mi Rocín, he perdido mi armadura y algunos reales,
mas mi nombre no he manchado,
aunque soy el de la Mancha.
Por honor y por mi espada consagrada,
le juro que su hija, será princesa y gran señora,
será mi reina, por siempre mi Dulcinea.
Crearé por ella, los más famosos hechos de caballería
que jamás se hayan visto en el mundo entero.
Luego agregó el Señor Lorenzo:
- Me deja usted perplejo, solo le había visto desde lejos.
Debí fijarme en su quijada y el valor que expresa su mirada,
no en la apariencia, pues degrada la conciencia.
Reciba mi bendición y Dios haga a usted don Quijote
muy venturoso caballero.
Sylvia Manterola
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